7.2.14

EPIGENETICA

"La epigenética ha cambiado nuestra visión del cuerpo humano"
Manel Esteller es reconocido como uno de los pioneros y líderes mundiales en epigenética, sus trabajos han sido citados por otros investigadores 24.473 veces en quince años | "La genética clásica no basta para comprender enfermedades complejas" | "Antes teníamos una visión determinista de la biología, ahora la visión es más plástica"

Manel Esteller
Sant Boi de Llobregat, 1968
- Investigador Icrea en el Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (Idibell) y profesor de genética en la UB 
- Licenciado en Medicina por la UB, hizo el doctorado en genética molecular en el hospital Vall d’Hebron

- Fue investigador postdoctoral en la Universidad de St Andrews (Escocia, 1995-1997) y en la Johns Hopkins de Baltimore (EE.UU., 1997-2001)

- Trabajó en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de Madrid del 2001 al 2007, antes de regresar a Catalunya en el 2008
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Manel Esteller es, de todos los científicos que trabajan en España, el más citado en la literatura científica. Reconocido como uno de los pioneros y líderes mundiales en epigenética, sus trabajos han sido citados por otros investigadores 24.473 veces en quince años. Las distintas investigaciones que presentó en el 2013 abarcan desde la base genética de la edad del pavo hasta la resistencia de los tumores a la quimioterapia. Entre ellas destaca el descubrimiento de que las diferencias entre poblaciones humanas procedentes de distintas áreas geográficas no son sólo genéticas sino también epigenéticas. Estas diferencias explican por qué el riesgo de sufrir ciertas enfermedades varía según el origen de cada persona.

¿Qué es la epigenética?
Es todo aquello que influye en cómo se regulan los genes. Es lo que explica, por ejemplo, por qué los genes que están activos en una célula de nuestro hígado son distintos de los que están activos en nuestras neuronas, aunque los dos tipos de célula tienen el mismo genoma. Y también lo que explica que personas con un mismo genoma, como los gemelos, se desarrollen de manera diferente y sufran enfermedades distintas a edades distintas.

¿Cómo funciona?
Imagine que el ADN es como un cuerpo desnudo. La epigenética equivale al vestido que le ponemos encima. Epi significa precisamente sobre: es lo que está sobre la genética. Del mismo modo que hay distintos tipos de prendas de vestir, y que nos podemos poner una camisa, un abrigo o un sombrero, también hay distintos tipos de regulación epigenética. De ellos depende que un gen esté más o menos activo en una célula. Y, por lo tanto, de la epigenética depende que los genes funcionen correctamente o que causen enfermedades.

¿Qué le llevó a esta línea de investigación?
Empecé trabajando en genética del cáncer. Me intrigó que hubiera genes importantes en los tumores que no tenían mutaciones. ¿Cómo era posible que las células tumorales se aprovecharan de estos genes para proliferar si no estaban mutados? Llegué a la epigenética buscando la respuesta a preguntas que la genética clásica no podía explicar.

¿La epigenética ha cambiado su visión de la biología?
Antes teníamos una visión más determinista de la biología. Pensábamos que nuestros genes condicionaban de manera irreversible lo que seríamos. Ahora la visión es más plástica. Los genes nos dan una tendencia a ser de cierta manera, pero esta tendencia puede ser modulada por lo que hacemos. Ha cambiado nuestra visión del cuerpo humano.

¿Por eso las investigaciones que buscaban en el genoma las causas de enfermedades complejas no las han encontrado?
Toda enfermedad tiene un componente genético y uno epigenético. Ocurre con el cáncer, con el alzheimer, con las cardiovasculares... Por esta razón la genética clásica no basta para comprender enfermedades complejas. Tenemos que combinar los dos tipos de conocimiento para mejorar la prevención, los diagnósticos y los tratamientos.

¿Se haría usted un análisis del genoma como el que ofrecen algunas compañías para saber qué enfermedades tiene riesgo de sufrir en el futuro?
Hay casos en que el análisis del genoma o de algunos genes concretos, asesorado por un especialista en consejo genético, está justificado. Por ejemplo, en familias afectadas por enfermedades hereditarias graves. Pero para el conjunto de la población, a día de hoy, tiene poco sentido un análisis de todo el genoma.

En la investigación finalista del premio Vanguardia de la Ciencia ha encontrado diferencias epigenéticas entre poblaciones. ¿Por qué las buscó?
Sabíamos que hay diferencias en la susceptibilidad a ciertas enfermedades entre poblaciones. También hay diferencias en la toxicidad de algunos fármacos. Las razones de estas diferencias sólo se habían buscado en la genética. Pensé que también debía haber un componente epigenético.

Pero la epigenética está regulada por factores ambientales. ¿Cómo puede transmitirse de generación en generación el efecto de un factor ambiental?
A través de los óvulos y los espermatozoides, porque su ADN también está regulado epigenéticamente. La epigenética diluye la frontera clásica entre factores genéticos y factores ambientales. Están interrelacionados.

¿Significa eso que el tabaquismo de los padres puede afectar a la futura salud de los hijos?
Exactamente. Tanto del padre como de la madre. El tabaquismo, el tipo de dieta, el consumo de tóxicos... Todo esto podría dejar su impronta en las células germinales y afectar a las generaciones siguientes.

¿Las diferencias epigenéticas entre poblaciones pueden interpretarse como una prueba de que las razas existen?
Sería una interpretación errónea.

¿Por qué?
Porque hay más variedad genética y epigenética dentro de cada población que entre poblaciones distintas. Ha habido tanta mezcla de ADN en la historia de la humanidad que no se puede establecer una separación entre razas sin que sea una separación arbitraria.

2.2.14

SANGRE

(cortesia de QUO) A cinco mil metros de altura, Pablo se arrepiente. No quiere saltar en paracaídas. Su gemelo, Carlos, al borde de la puerta de la avioneta, con una sonrisa en el rostro le intenta convencer, pero no hay caso... y en un segundo desaparece de la vista de Pablo y se convierte en una mota flotando en el cielo. Estos dos gemelos monocigóticos (es decir, idénticos) no podrían ser más diferentes. Pablo es conservador, tranquilo y poco dado a la espontaneidad. En cambio, Carlos nunca piensa las cosas dos veces; es pura adrenalina.
Lo extraño es que no conozco a ninguno de los dos. Ni siquiera a sus padres. He reconocido elcarácter arriesgado de Carlos gracias a una gota de sangre. Bueno, la verdad es que no lo he hecho yo, sino Darlene Floden, del Laboratorio de Epigenética Familiar de Toronto, Canadá.
Comparando el ADN de gemelos monocigóticos que se criaron separados, Floden ha descubiertoque los hermanos más propensos a asumir riesgos exhiben diferencias en el gen DLX1, relacionado con nuestra respuesta al estrés y la capacidad de asumir riesgos. Pero hay mucho más. Como si de un libro se tratara, tu índice (un pinchazo en él) revela casi toda tu historia, incluida la más antigua.
¿Fuiste un bebé querido? Un estudio de la Universidad McGill ha descubierto que los ratones que son lamidos y cuidados por sus madres generan a lo largo de su vida más cantidad de una proteína, llamada GR, que actúa como tranquilizante, mientras que aquellos roedores ignorados por sus progenitores presentan rasgos de mayor ansiedad.
Pero no son los únicos índices que una gota de tu sangre proclama al resto del mundo. Allí residen también las hormonas que señalan tu sexo, los genes que revelan tu color de pielde pelohasta de ojos, y las proteínas y enzimas que difunden tu edad aproximada a los cuatro vientos. Parece no haber escapatoria de la sangre... ni siquiera en tu oficina.
Llevas un currículum en la sangre
¿Trabajas en turnos o tienes horarios fijos? Valentina Bollati, de la Universidad de Milán, comparó muestras de sangre de unos 200 empleados de plantas químicas y descubrió que aquellos que tenían turnos de ocho horas alternas presentaban un patrón genético diferente de los que llevaban un horario fijo... Claro, que este estudio no reflejaba quién ganaba más dinero. Porque, por increíble que parezca, basta un poco de zumo de leucocitos y plaquetas para determinar si eres rico o pobre.
Así lo afirma un trabajo realizado por Ana Diez-Roux, de la Universidad de Michigan, quien solicitó a más de 1.000 voluntarios que señalaran si poseían coches, casas, acciones u otros bienes. ¿El resultado? Los más potentados también se diferencian del resto en sus genes.
¿Cómo es posible detectar todo esto en una muestra de sangre? Para comprenderlo me comunico con la doctora Concha Vidales, directora del centro DNAData, especializado en análisis de ADN. Según ella: “La naturaleza utiliza varios mecanismos que considera interesantes (no quiere decir buenos o malos, solo interesantes) para fijarlos en nuestro ADN. Nuestras experiencias vitales dejan trazas en el genoma de lo que hemos vivido, y estamos comenzando a identificar esas trazas y relacionarlas con ciertas conductas”.
Sexo, edad, color de piel... Cada latido de tu corazón envía a los expertos un retrato de tu cuerpo y de tu personalidad
Debido a que no todas las personas tenemos estas mismas alteraciones, comparando las costumbres de quienes tienen una mutación en determinado gen se deduce que quienes también las tengan habrán vivido situaciones similares.
Por ejemplo: quienes han sufrido una experiencia traumática y padecen de estrés tienen alteraciones muy características en la expresión de ciertos genes. Así lo ha descubierto Elisabeth Binder, del Instituto Max Planck de Psiquiatría. Binder analizó el perfil genético de más de 2.000 voluntarios y detectó que la hormona glucocorticoide aparece en aquellos que han sufrido un pasado convulso.
La enorme cantidad de datos que se pueden conocer acerca de nuestra personalidad, nuestro pasado y la influencia de padres y abuelos puede despertar cierto escepticismo: ¿son tan fiables estos estudios? Le hago esta misma pregunta a la doctora Carmen Entrala, directora deLaboratorios Lorgen, pioneros en análisis de trastornos fetales por medio del análisis de la sangre materna. Para ella no hay duda: “En el campo de las enfermedades neurológicas, hoy es posible hacer un diagnóstico genético en muchas de aquellas que tienen una base genética clara. En relación con las enfermedades psiquiátricas, la genética cada vez está desempeñando un papel más importante en el diagnóstico, la predicción y prevención de las enfermedades mentales.”
Huellas indelebles en tu ADN
Queda claro que casi toda nuestra vida se puede leer en este libro escrito con tinta de sangre, pero ¿cómo se escribe? Los acontecimientos que vivimos dejan una huella que altera la expresión de nuestros genes a través de marcadores. Uno de ellos es el grupo metilo o alquilo. Si las instrucciones para la vida, es decir el ADN, es el manual de todos los muebles de IKEA, el grupo alquilo se cuela entre algunas páginas y las traduce al sueco, lo que hace imposible que armemos ese mueble.
Tu epigenoma te delata
La mayoría de estas traducciones ocurren en el vientre materno, o apenas nacemos. Gracias a ellas, nuestras células pulmonares, por ejemplo, no expresan células dérmicas. La mayoría de nosotros tenemos los mismos “errores” de traducción en idénticas páginas; pero al ser tantas hojas, a veces hay disparidades entre las personas. Y estas diferencias genéticas tienen que ver, en parte, con nuestro estilo de vida, nuestro epigenoma.
La Dra. Entralba me lo confirma: “Sabemos que no todas las alteraciones que dan lugar a las enfermedades genéticas radican en cambios en la secuencia del ADN de los genes. Hay mecanismos que se denominan epigenéticos y que regulan la expresión de los genes. La epigenética puede responder a preguntas tales cómo por qué dos gemelos monocigóticos (con el mismo ADN) pueden desarrollar enfermedades distintas.”
Ni la ropa, ni el coche, ni la casa... Lo que de veras puede chivar tu estatus es un pinchazo en el dedo
Tim Spector, profesor de genética epidemiológica del University College de Londres, asegura que “el epigenoma es una fotografía de los eventos más importantes de nuestra vida”. Algo que sabe porque ha ojeado muchos de estos “álbumes de fotos”... incluso los más privados. Spector es capaz de identificar en la sangre proteínas y la alteración en el trabajo de ciertos genes que demuestran si has fumado recientemente o si has dejado el vicio. También puede predecir tu calidad de envejecimiento, tu presión sanguínea en un par de décadas y las posibilidades de que sufras de osteoporosis, estudiando la presencia de 22 metabolitos directamente relacionados con estas condiciones. Estos estudios fueron realizados en gemelos separados al nacer, una de las especialidades de Spector.
Toda nuestra vida está escrita en una gota de sangre y apenas hemos empezado a comprender el lenguaje. Pero ¿es indeleble? Es decir, ¿podemos sobreponernos a experiencias traumáticas y que eso se refleje en nuestro ADN?
Para Tim Spector es una muy buena pregunta: “Hay estudios que demuestran que algunas veces esto es posible, pero dependerá de lo profunda que sea la huella que han dejado en nuestra historia.”
La sangre nos permitirá ver el futuro
El día de mañana, ¿podremos anticiparnos a distintos tipos de cáncer o de enfermedades neurodegenerativas por medio de un análisis de sangre? Francisco Javier Fernández Rosado es responsable analista de Lorgen, un experto que se sumerge en la hemoglobina como otros los hacen en el océano. Es él quien me da la clave de lo que nos espera: “En la actualidad existen tests para el diagnóstico precoz en sangre de cáncer de mama, colon y pulmón, y a nivel de investigación son muchos los grupos de trabajo dedicados a desarrollar pruebas diagnósticas que permitan detectarlo en sus estadios más precoces. Sin duda, aún hay mucho por descubrir, pero lo que si se intuye es un futuro muy prometedor en el diagnóstico, prevención y tratamiento de enfermedades genéticas.”
Las aventuras de los padres de nuestros padres y su flirteos con el tabaco y otras hierbas fumables pueden ser la causa de las dificultades respiratorias de algunos niños. Independientemente de si la madre fumó o no. Así lo afirma una investigación reciente publicada en el Expert Review of Obstetrics & Gynecology. Pero nuestros abuelos pudieron haber sido casi igual de influyentes que nuestros padres. Isabelle Mansuy, neurobióloga de la Universidad de Zúrich, realizó un estudio modelo con ratones. A las crías de un día de vida se las separaba de sus madre durante dos semanas y luego se las regresaba al nido. Pese a ser alimentadas y cuidadas con normalidad, las crías crecieron con síntomas de estrés... idénticos a los que presentaron los vástagos que no fueron abandonados.
Para saber si esto también sucedía en humanos, la doctora en Psicología, Yael Danieli está realizando pruebas entre cientos de voluntarios, hijos y nietos de supervivientes del Holocausto. Los resultados pueden demostrar que para la sangre no hay distinción entre futuro y pasado. Solo existe el presente.

La investigación de Danieli se apoya en hallazgos realizados por Rachel Yehuda, neurocientífica del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, quien ha identificado trastornos alimentarios y de ansiedad en nietos de supervivientes del Holocausto. Otra prueba más de que la sangre es el espejo del alma. 

27.1.14

KINESIOLOGÍA EN LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ

El próximo 31-1-2 de enero, febrero tendré el inmenso placer de impartir junto a Mónica Blázquez Morera el curso de kinesiología Aplicada para fisioterapeutas en la universidad de Alcalá de Henares.
Un Lujazo

17.1.14

LA DISCIPLINA ESTÁ EN EL CEREBRO

Todas las costumbres, así como los actos repetitivos y la disciplina, están controlados por los ganglios basales, estructura nerviosa que se caracteriza por estar más conectada al resto del cerebro que ninguna otra. De hecho, sus neuronas parecen detestar todo lo que huele a nuevo.

Puede parecer una actitud conservadora, pero es una simple cuestión de supervivencia, ya que si tuviéramos que procesar cada tarea que realizamos durante el día, el cerebro se colapsaría.

En definitiva, necesitamos llevar a cabo la mayoría de las actividades cotidianas con el piloto automático mientras el resto de la mente se concentra en asuntos más urgentes. 
Hace algunos años, Ann Graybiel, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), analizó cómo se comportan los citados ganglios basales. Llegó a la conclusión de que si patinamos, montamos en bicicleta o incluso recorremos el camino de vuelta a casa sin necesidad de pensar en qué esquina debemos girar, es gracias a su archivo de hábitos.

Cuando practicamos algo nuevo, las células nerviosas de esa región entran en plena efervescencia y consumen mucha energía. Al mismo tiempo, se liberan grandes cantidades de dopamina en los centros de recompensa y se activa la corteza para mantenernos totalmente concentrados en el aprendizaje.

Pero una vez que culmina la fase de consolidación, el nuevo comportamiento se interioriza y puede repetirse indefinidamente con disciplina sin apenas esfuerzo mental. 

Conocer cómo funcionan los ganglios basales es útil cuando decidimos voluntariamente adquirir hábitos saludables, como comer fruta cada mañana, hacer ejercicio y lavarnos los dientes tres veces al día. Phillippa Lally y sus colegas de la University College de Londres comprobaron que, a medida que reiteramos una acción, el nivel de automatismo aumenta.


El tiempo que tardamos las personas en convertir una conducta en rutinaria y prescindir de nuestra voluntad –es decir, de la corteza prefrontal– para llevarlo a cabo varía mucho, entre 18 y 254 días, aunque por término medio se precisan 66 días de reiteración para que la tarea se automatice, según explicaba Lally en la revista European Journal of Social Psychology

15.1.14

NEUROCIRUGÍA HACE 1000 AÑOS

Hace entre 1.000 y 1.250 años, existió una cultura en la zona central de los Andes, en Perú, cuyos individuos tenían conocimientos rudimentarios sobre neurocirugía. Algunos de los miembros de la cultura de la zona de Andahuaylas, denominada posteriormente Wari, eran capaces de hacer trepanaciones y sanar a personas con heridas o problemas graves en la cabeza, e incluso de transmitir sus técnicas a las generaciones posteriores.

Son las conclusiones de un estudio presentado por la bioarqueóloga Danielle Kurin, de la Universidad de Santa Bárbara (California), que ha analizado los restos de 32 individuos de esta cultura y ha encontrado 45 muestras distintas de procedimientos de trepanación. El hallazgo, publicado en The American Journal of Physical Anthropology, indica que los habitantes de esta región tenían unos conocimientos avanzados respecto a las intervenciones craneales, y utilizaban herramientas como el taladro manual o la lima para tratar una amplia variedad de problemas de salud.